Demasiado larga, es lo que diría si tuviese que resumir en dos palabras la adaptación que Eduardo Mendoza ha hecho para Tanttaka Teatroa de la novela La mujer justa, del escritor húngaro Sándor Márai y que la compañía representó ayer en el Teatro Rosalía. ¡Qué le vamos a hacer! Soy de las que piensa que lo bueno, si breve, dos veces bueno.

“A mí me educaron para sobrevivir y a él para vivir”. Esta frase que pronuncia al inicio de la función  Marika, a la que da vida Rosa Novell, permite hacerse una idea de por qué derroteros irá esta historia de un triángulo amoroso ambientado en el Bucarest de los años 40. Tres personajes principales interpretan tres monólogos que aportan diferentes puntos de vista a una misma historia de amor.

La función remonta gracias al tercer componente del triángulo, Judit, interpretada por Ana Otero. Una pena que intervenga después del entreacto, porque los que aprovecharon la pausa para marcharse se perdieron lo mejor de la función.

Para ser justa he de dar un 10 al vestuario y a la escenografía, que podéis apreciar en la imagen extraída de la web de Julio Perugoría Producciones.

El Pazo da Cultura de Narón acoge esta tarde una nueva representación de la obra, que mañana podrá verse en el Teatro Principal de Ourense.

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