La piedra oscura, o claro que hace falta hablar

Cartel_La_piedra_oscura

Cartel de La piedra oscura vía redescena.net

El sonido de las olas del mar rompiendo contra la orilla y un cuarto oscuro en el que poco a poco distinguimos a dos hombres: uno tendido en un camastro, malherido, y otro que aparentemente vela su sueño. Así comienza La piedra oscura, un texto de Alberto Conejero inspirado en la vida de Rafael Rodríguez Rapún, estudiante de Ingeniero de Minas, secretario de La Barraca y compañero sentimental de Federico García Lorca en los últimos años de sus vidas.

Rafael,  al que da vida un contenido Daniel Grao,  es el soldado herido. Poco a poco vamos descubriendo junto a él que se encuentra en un hospital militar cerca de Santander, pendiente de un juicio por parte de sus captores, en el que tiene todas las papeletas para obtener veredicto de fusilamiento. Toda esta información se la que tiene que sacar con sacacorchos a su guardián, un adolescente traumatizado reclutado por el bando enemigo, interpretado por Nacho Sánchez, toda una revelación. La incomunicación con la que empieza una noche larga va dejando paso al diálogo y al entendimiento entre ambos. Federico García Lorca no podía dejar de estar presente en este encuentro. Imposible no salir del la sala con un nudo en la garganta.

Después de las funciones de este fin de semana en el Teatro Rosalía de A Coruña habrá que esperar a 2016 para volver a ver La piedra oscura. La primera función será en Molina de Segura, el 15 de enero, le seguirán otras dos en Segovia, y la segunda quincena de febrero recalará en el Teatre Lliure de Barcelona. Echadle un vistazo al trailer.

The dark stone is a play about the last hours of Rafael Rodríguez Rapúnc mate, before being shot during the Spanish Civil War. We attended the dialogue with his guardian, that progresses from islation to the understanding as the night progresses.
The second half of February 2016 the play will be performed in the Lliure Theater, Barcelona.

Acerca de Lucía

Lo que más me hacía disfrutar de niña era hurgar en el armario de mi madre, caracterizarme, y meterme cada día en la piel de una heroína diferente. Ahora, con más de 30 años, encuentro esos momentos de recreo cuando voy al teatro, escucho un concierto, visito una exposición, o simplemente saboreando una copa entre amigos en un local con personalidad. Son breves entreactos en la rutina diaria.
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